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¿LIBROS DE AUTOAYUDA O PRODUCTOS DE MERCADO?

¿TERAPIA O MARKETING?


 

Es suficiente con dejarse caer por la sección en cuestión de los susodichos de cualquier librería (o gran superficie), para darse cuenta de lo tremenda –tremendísima- que puede llegar a ser la oferta de problemas, debería decir “remedios”, que nos rodean.

 

            Con una rápida ojeada a los títulos ofertados, me atrevería a decir que los podemos diferenciar en varios tipos, pero sin querer hacer una clasificación perfecta, comentaré los temas que a mí me han llamado más la atención. Por supuesto, no pueden faltar los dedicados al ámbito pareja-sexo, por mencionar algún título: Cada oveja con su pareja o Cómo hacer bien el amor a un hombre (y yo pregunto ¿y a una mujer? Me encanta el ambiente machista que se respira en esta sección).

 

            Por otro lado, destacan los que tratan la comunicación. Aquí podríamos hacer una segunda clasificación, pues se trata de “ella” en el trabajo, en el hogar, en la pareja, con los niños… En fin, con cualquier ente o forma con el que una pueda relacionarse. Aquí mencionaremos algo tan simple como Te escucho, o mejor aún: No le llames más.

 

            Mencionar sólo por encima los que ayudan en las prácticas cotidianas: fumar, niños, cocinar… Aunque lo que realmente resultaría práctica sería algo del tipo “cómo evacuar cuando estoy fuera de casa”; ese título es de cosecha propia, pero seguro que si me esfuerzo encuentro algún libro que ayude sobre el tema… y si no, debería escribir, porque esto sí que es un problema, según oigo a mis congéneres en el día a día.

 

            Y por último, mis dos clasificaciones favoritas: por una parte, los libros de autoestima. Aquí, la lista podría ser eterna: Ayúdate, Protégete, Crea tu futuro, Despierta al héroe que hay en ti, etc. Realmente son un peligro, pues hay quien se lo cree a pie juntillas y lo aplica. Por otra parte, los existenciales-espirituales, en fin, los de filosofías alternativas, mis preferidos: Diez secretos para el éxito y la paz interior, y ya ven, yo llevo más de diez años buscando esa paz y, total, lo que tenía que haber hecho era leerme un libro. No puedo dejar de mencionar los que ya rozan el masoquismo o la tortura del tipo Guía de supervivencia para trabajar con humanos, o bien El arte de la felicidad en el trabajo.

 

            Ven como no andaba errada al inicio de este escrito utilizando la palabra “tremendísima”. Porque no pueden negarme que los títulos, de por sí, ya dan qué pensar. En absoluto quiero parecer una renegada de la autoayuda. Más bien diría que me gustan, pero ello no supone que les reconozca valor o mérito alguno. Por supuesto, como casi todo en esta vida, en esos estantes de terapia casera habrá de todo: bueno y malo, práctico e inútil, adecuado para unos y contraproducente para otros. Eso ya lo dejo a criterio de cada uno, y por supuesto en función del problema padecido.

 

En conclusión, ayudar no sé si ayudan, pero consolar y dar alivio “un montón”, ya que la persona, una vez que acaba el libro, se queda satisfecho, y no por haber dado con la solución a su problema, sino porque descubre que no está solo. ¡Es fantástico! Existe alguien en el mundo que ha sido capaz de expresar de forma ordenada todo aquello que uno vive pero no sabe definir. Y no sólo eso, todavía es mejor, ya que tras haber leído la historia de varios “casos prácticos” en el manual de la solución, uno se siente menos “bicho raro”. El problema sigue estando ahí, pero ahora lo sufre acompañado por un grupo de incomprendidos anónimos, de forma que cuando uno se levanta al día siguiente, lo hace de mejor humor y sale a la calle más seguro; y su problema (trauma o complejo) se ha hecho más pequeño. Ahora lo lleva con más dignidad, casi con orgullo, porque una vez fuera de casa ya no se siente incomprendido. Ahora sabe que no es el único.

 

En fin, señores, que ayudar no ayudan: soluciones en cien páginas de libro de bolsillo y de fácil lectura y comprensión apta para todos los públicos no existen. Pero ya se sabe: “mal de muchos, consuelo de tontos”. Así que poder leer que uno no es el único que padece angustia existencial, hace que ésta sea menos angustiosa y más real.

 

Y por favor, no olviden que automedicarse no es lo correcto.

 

Teresa Palmer, 2005.

 

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