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| CARONTE | SOBRE EL TEXTO | |
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Caronte se inclinó hacia delante y remó. Todas las cosas eran una con su cansancio.
Para él no era una cosa de años o de siglos, sino de vastos flujos de tiempo, y de una antigua pesadez y un dolor en los brazos que se habían convertido para él en parte de un plan creado por los dioses y que era uno con la Eternidad.
Si los dioses le hubieran mandado siquiera un viento contrario, éste habría dividido todo el tiempo acumulado en su memoria en dos losas iguales.
Tan grises resultaban siempre las cosas donde él estaba que si algún destello de luz se hubiera entretenido por un instante entre los muertos, en el rostro de alguna reina como acaso Cleopatra, sus ojos no podrían haberlo percibido.
Era extraño que actualmente los muertos estuvieran llegando en tales cantidades. Llegaban a miles cuando solían llegar en cincuentenas. No era ni la obligación ni la costumbre de Caronte reflexionar en su alma gris sobre el porqué de estas cosas. Caronte se inclinó hacia adelante y remó.
Entonces, durante un tiempo no vino nadie. No era inusitado que los dioses no mandaran a nadie desde la Tierra por aquel espacio de tiempo. Mas los dioses sabían lo que hacían.
Entonces llegó un hombre solo. Y una pequeña sombra se sentó estremeciéndose en un banco solitario y el gran bote zarpó. Sólo un pasajero; los dioses sabían lo que hacían.
Y el gran y cansado Caronte remó y remó junto al pequeño, silencioso y trémulo espíritu.
Y el sonido del río era como un poderoso suspiro lanzado por la Aflicción, en el comienzo de los tiempos, entre sus hermanas, y que no pudo morir como los ecos del dolor humano que se apagan en las colinas terrestres, sino que era tan antiguo como el tiempo y como el dolor en los brazos de Caronte.
Entonces, desde el gris y tranquilo río, el bote apareció en la costa de Dis y la pequeña silenciosa sombra, aún estremeciéndose, puso pie en tierra. Caronte volteó el bote para dirigirse fatigosamente al mundo. Entonces la pequeña sombra que había sido un hombre habló.
- "Soy el último"- dijo.
Nadie antes había hecho sonreír a Caronte, nadie antes lo había hecho llorar.
Lord Dunsany, 1915. |
"Charon" fue publicado en 1915 en la colección Fifty-One Tales (Cincuenta y un relatos) de Lord Dunsany. Hasta el momento, no ha sido nunca publicado en letra impresa en lengua castellana.
En 1999, Pamela Silva tradujo el cuento para su publicación en Red en Alirburia, respetando el nombre original anglófono (Charon) de título y personaje protagonista. Puede consultarse el documento original aquí.
En 2001, Darío Lavia firmó una nueva traducción para su publicación en Red en Ficción, en la que tanto título como personaje aparecían, más castellanamente, como "Caronte". Puede consultarse el documento original aquí, o en su posterior publicación en Letras Perdidas.
La presente versión ha sido traducida por Elena Salajan con la trascripción original de Pamela Silva sobre la mesa, habiéndose optado por emplear la voz castellana "Caronte" en lugar de la anglófona "Charon".
Toni M. Jover, 2005.
P. D. Reconocimientos a Pamela Silva, pionera traductora de este cuento, y a Darío Lavia, a quien hemos emulado optando por llamar "Caronte" (como desde siempre hemos conocido los hispanohablantes al mítico barquero infernal) al "Charon" de Lord Dunsany.
Caronte pasando las sombras, Pierre Subleyras (1735) |
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Versión original en lengua inglesa |
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Charon
Charon leaned forward and rowed. All things were one with his weariness.
It was not with him a matter of years or of centuries, but of wide floods of time, and an old heaviness and a pain in the arms that had become for him part of the scheme that the gods had made and was of a piece with Eternity.
If the gods had even sent him a contrary wind it would have divided all time in his memory into two equal slabs.
So grey were all things always where he was that if any radiance lingered a moment among the dead, on the face of such a queen perhaps as Cleopatra, his eyes could not have perceived it.
It was strange that the dead nowadays were coming in such numbers. They were coming in thousands where they used to come in fifties. It was neither Charon's duty nor his wont to ponder in his grey soul why these things might be. Charon leaned forward and rowed.
Then no one came for a while. It was not unusual for the gods to send no one down from Earth for such a space. But the gods knew best.
Then one man came alone. And the little shade sat shivering on a lonely bench and the great boat pushed off. Only one passenger; the gods knew best.
And great and weary Charon rowed on and on beside the little, silent, shivering ghost.
And the sound of the river was like a mighty sigh that Grief in the beginning had sighed among her sisters, and that could not die like the echoes of human sorrow failing on earthly hills, but was as old as time and the pain in Charon's arms.
Then the boat from the slow, grey river loomed up to the coast of Dis and the little, silent shade still shivering stepped ashore, and Charon turned the boat to go wearily back to the world. Then the little shadow spoke, that had been a man.
- "I am the last"- he said.
No one had ever made Charon smile before, no one before had ever made him weep.
Lord Dunsany, 1915. |
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