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J. W. Goethe |
GOETHE, EL HOMBRE COMPLETO
Introducción a la época y la vida de Johann Wolfgang Goethe Frankfurt am Main, la ciudad natal de J. W. Goethe, se había empezado a desarrollar a partir del siglo XIII como uno de los centros más importantes de la burguesía alemana. La frenética actividad económica y comercial, le aseguraron a través de los siglos un lugar privilegiado entre las ciudades del imperio, al conseguir mantener una cierta autonomía ante el poder político y eclesiástico. Frankfurt se estableció como centro neurálgico del movimiento comercial y cultural de la Europa central. Durante los siglos XVII y XVIII Europa vive una gran transformación, que se traduce en los acontecimientos históricos de Inglaterra y Francia, empezando por la derrota de los Stuarts y la llegada al poder de la burguesía en Inglaterra y culminando con la Revolución Francesa a finales en 1789. La situación histórica alemana se encontraba un tanto alejada de los movimientos revolucionarios de la época. Este período de cierta tranquilidad fue sin embargo propicio para el desarrollo de distintas corrientes culturales y espirituales como el Iluminismo, o el Pietismo. Éste último representaba la búsqueda interior del hombre como respuesta a las atrocidades de la Guerra de los 30 años. De esta forma, se abría en el siglo XVIII una vertiente en la que tanto la música como la literatura y filosofía del espacio alemán, encontraban una respuesta a la realidad en la evasión a un mundo idílico, de ilusión que tuvo como efecto negativo un cierto miedo a la acción tanto en el terreno social como político y cultural. El Iluminismo, sin embargo abogaba por la liberación del hombre de las cadenas del dogmatismo religioso y sembraba la semilla del pensamiento crítico con respecto al absolutismo feudal. Esta corriente es la que nace junto con la revolución de la burguesía inglesa y juega un papel de crucial importancia en el desarrollo del pensamiento que lleva a la Revolución Francesa. Los planteamientos del Iluminismo serán de indiscutible importancia en el futuro desarrollo de la cultura alemana, representando la base para el “Sturm und Drang” y más tarde para el “Clasicismo alemán”, cuyo máximo representante será Johann Wolfgang Goethe. Es en esta época, a mediados del siglo XVIII, y para ser más exactos un 28 de Agosto del 1749 “cuando las campanas daban las doce”1, que en la ciudad de Frankfurt am Main nace Goethe, el genio de las letras alemanas. “La constelación era afortunada”1, como apunta el mismo en sus memorias “el sol se encontraba en el signo de Virgo y culminó aquel día”. ¿Causalidad o casualidad? Dejemos que juzgue la historia. Goethe es el hijo del consejero de la ciudad y pasa su infancia en el seno familiar recibiendo una buena y cuidada educación junto a su hermana Cornelia. Una de las anécdotas más conocidas de su infancia es la del regalo que recibe a manos de su abuela y que al niño Goethe le fascina desde el primer instante, un teatro de marionetas. Con apenas dieciséis años se traslada a Leipzig para estudiar Derecho, pero él frecuenta también otras facultades, hace amigos y disfruta de la libertad de la vida de estudiante. Una grave enfermedad le lleva sin embargo de vuelta a casa donde pasará un año de convalecencia. Con veinte años recién cumplidos llegará a Estrasburgo para continuar sus estudios y finalmente se trasladará a Wetzlar para completar su formación. Al igual que en Leipzig y Estrasburgo, Goethe hará nuevos amigos, pero además vivirá uno de los momentos clave de su vida en forma de un amor no correspondido por Charlotte Buff, vivencia que se transformará en la base de su primer novela “Las desventuras del joven Werther”. Para olvidar el desengaño amoroso, el joven Goethe vuelve a Frankfurt, donde empieza a trabajar en el despacho de su padre, pero es la literatura en forma de lectura o escritura aquello que mueve su espíritu. Es la época del “Sturm und Drang”, una corriente que defiende ante todo una reacción frenética en contra del pasado literario y cultural, la libertad del hombre a través de su voluntad y la autonomía del corazón ante la razón. Con la publicación y el gran éxito de Las desventuras del joven Werther (1774), Goethe se convierte en un autor famoso y en 1775 es invitado por el duque Carlos Augusto a visitar Weimar. Esta pequeña localidad de apenas seis mil habitantes será a partir de este momento su hogar. Weimar crecerá a través de Goethe y Goethe crecerá con Weimar. El autor del Werther desempeñará su actividad en la alta administración del ducado, será consejero, ministro de Guerra, director de minas, y director del Teatro Nacional de Weimar. Fue allí donde conoció a Schiller y dónde desarrollaron su actividad en estrecha colaboración durante diez años, considerados los años de oro de las letras alemanas. Fundaron juntos las revistas “Las Horas” y “Almanaque de las Musas” y publicaron en el año 1796 Das Balladenjahr2 sus famosas baladas. Weimar se convirtió en el centro neurálgico de las letras y la cultura alemana, un sitio en el que se daban cita los hermanos Schlegel, Fichte, Schelling, Hegel y Novalis entre otros. Será este pequeño ducado el que verá escribiéndose las obras más importantes de Goethe, desde Egmont (1787) o Torquato Tasso (1789), pasando por Wilhem Meister (1829) hasta los últimos versos de Fausto, la obra magistral de su vida que concluyó en 1831 - solo unos meses antes de morir - después de casi sesenta años de elaboración. En la primavera del 1832, a la edad de ochenta y dos años, el periplo de Johann Wolfgang Goethe encuentra su punto final. Es difícil tarea resumir en el espacio de apenas un par de páginas una vida llena de búsqueda e inquietud, un espíritu que aspiró y llegó a estar tan cerca de la perfección como el de Goethe. El no fue sólo el escritor sino también el pensador, el científico, el hombre de estado, el director de un teatro, el viajero enamorado de Italia, el amante, el amigo, el hombre aparentemente frío y soberbio que encontró Heine en el salón azul de la casa de Weimar. Goethe fue su Fausto y llegó a recorrer junto a su héroe casi todas las esferas del conocimiento que estaban a su alcance. En una ocasión afirmó: “Mis obras no son más que fragmentos de una gran confesión”. Esperemos pues que el final del Fausto haya sido también una confesión visionaria: “Todo lo perecedero no es más que figura. Aquí lo Inaccesible se convierte en hecho; aquí se realiza lo Inefable. Lo Eterno – femenino nos atrae a lo alto”. 3 Elena Salajan, 2005 |
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NOTAS: [1] Dichtung und Wahrheit J.W. Goethe – VEB Bibliographisches Institut Leipzig; 1956 [2] Traducción - El año de las baladas [3] Fausto J.W. Goethe; Edición de Manuel José Gonzáles y Miguel Ángel Vega; CATEDRA 2004 |
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