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Tan lejos y tan cerca…


 

             Encontré ayer por casualidad (si es que la casualidad existe) en el estante de una videoteca una película de Wim Wenders con el título “¡Tan lejos tan cerca!”. Me llamó la atención dado que llevaba unas cuantas semanas dándole vueltas a la presentación de la sección casi homónima de la página Web del taller literario. Decidí alquilar la película y dejarme llevar por su mensaje para descubrir si me podía transmitir algo de provecho para la tarea que me tocaba cumplir.

 No se trata de hablar de la película, sin embargo creo que vale la pena resumir su argumento para que podamos intentar entender juntos aquello que pueda servir como puente entre ella y el contenido de esta sección. El film de Wenders trata de los ángeles que sin poderse materializar están conociendo los pensamientos más íntimos y las vivencias más ocultas que residen en cada uno de nosotros. En el desarrollo de la historia, uno de los ángeles se materializa, se humaniza, partiendo del deseo de conocer el mundo a través de la mirada de los hombres para luego poder transmitir su hallazgo a sus compañeros. La película muestra una gran profundidad, intentando descubrir el ser humano en todas sus facetas.

            Al instante se me ocurrió la idea de que al igual que estos ángeles, espíritus libres y eternos, que se encuentran tan lejos físicamente y a la vez tan cerca espiritualmente de los seres humanos, los grandes maestros escritores del pasado, los que ya no están y por lo tanto solemos ubicar tan lejos, nos han dejado un legado vital tan cercano a todos y cada uno de nosotros a través de sus obras que, incluso con el paso del tiempo, no han perdido su actualidad y cercanía a lo más recóndito del alma humana.

            El film de Wenders acaba con un mensaje de los ángeles hacia los hombres, mensaje que se me antojó más revelador si cabe para la teoría que acabo de proponer. “Somos mensajeros para acercar a los que están lejos. No somos el mensaje, sino mensajeros. El mensaje es el amor. Nosotros no somos nada. Vosotros lo sois todo para nosotros. ¡Dejadnos vivir en vuestros ojos! Dejad vuestro mundo fluir a través de nosotros. ¡Recuperad con nosotros aquella mirada llena de amor! Entonces estaremos cerca de vosotros y vosotros de EL.”

            ¿Quién es EL? ¿Acaso un Dios? No creo. Quizás sea el amor, el amor a la belleza, a lo Humano, el amor hacia el Yo interior de cada uno de nosotros.

            Intentemos pues ver el mundo a través del filtro de los grandes pensadores, disfrutemos de la belleza de las palabras, a través de sus obras. Conozcámoslos para descubrir lo cerca que se encuentran de nosotros. Ellos se han acercado a las mismas cuestiones que nos siguen preocupando como seres humanos hoy en día, aunque nuestro siglo se vea dominado por un desarrollo técnico y científico sin freno y sin precedente. A pesar de eso, seguimos amando, odiando, traicionando, sonriendo y perdonando sin necesidad de utilizar para ello un ordenador u otro instrumento de alta tecnología. Seguimos teniendo dudas y miedos sin resolver y quizás ahora más que nunca.

            Intentaremos entenderlos a través del tiempo histórico en el que han desarrollado su labor, tan lejano a nosotros, pero además ahondaremos en su obra, en el significado y la forma de la misma para acercarlos al presente. Dejaremos entrar en escena a Fausto, a Hamlet, a Mishkin o a Madame Bovary, al Buscón para que nos cuenten sus historias a la vez que nos dejaremos deleitar por la perfección del lenguaje en el que Goethe, Shakespeare, Dostoyevski, Flaubert, Quevedo, Kafka o Joyce escribieron sus tragedias dramas, poesías o novelas.

            Emprendamos el viaje sin miedo a lo complicado que nos pueda parecer desde la lejanía el intento de descifrar su legado. Recordemos que su presente es nuestro pasado y acerquémonos a su obra con la mirada curiosa y falta de prejuicios de un niño y os aseguro que encontraremos la llave que nos abrirá las puertas hacia este mundo tan lejano en apariencia y tan cercano en realidad.

Elena Salajan, 2005

 

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