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POEMA
Deambulo, como alma en pena, por la casa que fue nuestra. Te recuerdo tal como eras: grácil, alegre, inundando de ternura toda la estancia; derramando amor a cada paso; contagiando de optimismo mi existencia.
Maldigo los “te quiero” que no dije y las veces que no dije “lo siento”. Maldigo los besos que no te di y que guardé en mis adentros.
Han pasado muchos días, o meses, o años, no lo recuerdo. He perdido la noción del tiempo. Tú marcabas el ritmo de mi existencia, eras mi calendario perfecto.
Guardaba en un rincón de mi alma primaveras para ofrecerte, cartas de amor para enviarte y canciones para cantarte. Ya no verán la luz, han quedado sepultadas en el desván de los recuerdos.
¡Qué ancha que es mi cama! Y fría y triste. Las noches en vela forman parte de mi dolencia. ¡Cómo te echo de menos! No me acostumbro a tu ausencia. Acurrucado en mi sillón espero en vano que vuelvas.
Tu recuerdo, indeleble en mi memoria, es cada día más dulce, más cercano. Extiendo mi mano y casi lo puedo tocar; me da fuerzas y me ayuda a soportar el vacío que has dejado.
Me enseñaste a querer como nunca había querido; a descubrir la belleza y la bondad de la gente. Colmaste, enamorada, la copa de mis anhelos y ahora se derrama en el llanto de mis versos.
Procuré amar cuanto fui capaz. Contigo el amor desbordó su cáliz. Siempre recibí más de lo que di. Siento no poder pagar mi deuda ahora.
Me han arrancado la ilusión de cuajo. Felinamente me han arañado el alma. Furtivos me han arrebatado el amor. ¡Dad sepultura y enterrad esta existencia vana!
Fernando Ortigosa Mora Palma de Mallorca, Mayo 2005 |
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