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Félix Lope de Vega Carpio. Óleo sobre lienzo, 1630, de Eugenio Caxés (1577-1634). Título original: Retrato de Lope de Vega y Carpio. Se encuentra en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid.
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SONETO DE REPENTE
Un soneto me manda hacer Violante que en mi vida me he visto en tal aprieto; catorce versos dicen que es soneto, burla burlando van los tres delante.
Yo pensé que no hallara consonante y estoy a la mitad de otro cuarteto, mas si me veo en el primer terceto no hay cosa en los cuartetos que me espante.
Por el primer terceto voy entrando, y parece que entré con pie derecho pues fin con este verso le voy dando.
Ya estoy en el segundo, y aun sospecho que estoy los trece versos acabando: contad si son catorce, y está hecho.
Félix Lope de Vega Carpio. Litografía anónima, posiblemente para una edición del siglo XVIII de El Caballero de Olmedo
Entierro de Lope. Óleo sobre Lienzo, 1862, de Ignacio Suárez Llanos (1830-1881). Título original: Sor Marcela de San Félix, monja de las Trinitarias Descalzas de Madrid, viendo pasar el entierro de Lope de Vega, su padre. Para los amigos, "El Entierro de Lope de Vega" o "Sor Marcela de San Félix". Se encuentra en la Pinacoteca del Senado, Madrid. |
SOBRE EL POEMA
Por si alguien había pensado que la Poesía es un arte siempre grave, aquí me he traído al "Fénix de los Ingenios", don Lope de Vega, para demostrar que no es así. Este soneto fue escrito para los diálogos de la comedia La niña de Plata en 1617. Se trata, quizá, del más célebre de cuantos sonetos han sido escritos en lengua castellana, habiéndosele dado incluso, por parte de muchos eruditos y en reconocimiento de su graciosa y singular fuerza didáctica, el título de "soneto de los sonetos".
Como la rima de Bécquer "No digáis que, Agotado su Tesoro", que también hemos incluido en la sección poética de Le-es, serían estos versos de Lope "metapoéticos", pues tratan sobre la propia Poesía (si bien, en este caso, desde una perspectiva más desenfadada y jocosa que la becqueriana). Como alarde de destreza métrica, y ejemplo de las muchas posibilidades temáticas y de estilo de la Poesía, este soneto me parece muy ilustrativo.
Tal suerte de juego poético, en el que el poeta se comportaba de forma audaz e ingeniosa ante la demanda de unos versos por parte de alguien, no fue una originalidad exclusiva de don Lope. Tanto en la Poesía castellana como en la de otras lenguas europeas, este tipo de rimas traviesas tuvieron gran acogida y fueron comunes durante los siglos XVI y XVII.
Antes que Lope de Vega, el soneto había sido ya utilizado en España para tal clase de ardides poéticos por otros autores, como así don Baltasar del Alcázar o don Diego Hurtado de Mendoza. Precisamente, es frecuente que en algunas antologías de Lope de Vega se comente que su Soneto de Repente no es sino la imitación de cierto otro de mediados del siglo XVI que fuera obra de Hurtado de Mendoza. Muchos expertos, sin embargo, consideran tal aseveración un absurdo, pues parece evidente que lo que hizo don Lope no fue si no responder a una graciosa moda que era muy celebrada en su época. Yo me sumo a esta última opinión, pero aún así refiero el poema de don Diego, segundo del grupo de dos que componen sus sonetos dedicados A una Dama, pues no tiene desperdicio:
A una Dama (II)
Pedís, Reina, un soneto, y os le hago: ya el primer verso y el segundo es hecho; si el tercero me sale de provecho, con otro más en un cuarteto acabo.
Ya llego al quinto, ¡España! ¡Santiago, cierra! Y entro en el sexto: ¡Sus, buen pecho! Si del séptimo libro, gran derecho tengo a salir con vida de este trago.
Ya tenemos a un cabo los cuartetos: ¿Qué me decís, Señora? ¿No ando bravo? Mas sabe Dios si temo a los tercetos.
¡Ay! Si con bien este soneto acabo, ¡nunca en toda mi vida más sonetos! Mas de éste, gloria a Dios, he visto el cabo.
Diego Hurtado de Mendoza, h. 1560.
Yo "creo en Lope de Vega todopoderoso, poeta del Cielo y de la Tierra".1 Toni M. Jover, 2005. |
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1 Esta parodia del "Credo" católico no es, en absoluto, ingenio mío: cuentan las crónicas que, tras la muerte de Lope de Vega en 1635, hubo de intervenir la Inquisición debido a la fama y difusión que llegó a tener este irreverente estribillo anónimo. Tal fue el favor popular que gozó en vida el "Fénix de los Ingenios", que el pueblo entero de Madrid acudió en masa a su entierro pretendiendo portar su ataúd a hombros. Se estrenaba así un fenómeno que no tuvo parangón conocido tras la muerte de ningún artista, dentro ni fuera de España, hasta que tres siglos después treinta mil personas recibieran el féretro de Carlos Gardel en Buenos Aires, el 5 de febrero de 1936. Volviendo a Madrid y a 1635, se dice que fue en medio de la concurrida procesión funeraria que, para espanto de beatas, una voz espontánea gritó de repente: "¡creo en Lope de Vega todopoderoso, poeta del Cielo y de la Tierra!" El solitario lamento se convirtió en una blasfemia a coro, y se desató así un clamor tumultuoso algo levantisco: la autoridad armada, por supuesto, cargó como manda Dios para estos casos. |
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