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Praga

 


PRAGA Y KAFKA


 

 

          Existen lugares que más que historia tienen biografía. En su cronología caben los gobernadores que tuvieron, los invasores que la maltrataron, la lista de sus obispos y monarcas, la fecha en que fueron construidas o demolidas sus murallas. Pero nada más. Existen ciudades cuyo pasado y cuyo presente se merecen mucho más que una ilustrada guía turística, adornada con planos, fotografías a color y dibujos de los más representativos monumentos civiles, militares o religiosos. Praga es una de esas ciudades. Incluso sus cementerios resultan hermosos.

La capital de la República Checa y sus habitantes lideraron la Revolución de Terciopelo. Dos términos contradictorios entre sí. Sólo en una ciudad serena y milenaria podía tener lugar un cambio radical de las institu­ciones de una nación y a la vez agitar banderas tejidas en seda. En 1989 cayeron el socialismo, el comunismo y su pléyade de burócratas. Uno de los líderes de aquella revuelta pacífica fue el dramaturgo Václav Havel.

 Los artistas, sobre todo los escritores y músicos, que han vivido, nacido o  trabajado en esta ciudad, han contribuido a engrandecer su belleza. Y no se trata de una belleza únicamente estética. Ellos forman parte de su patrimonio cultural. Ni siquiera el viajero menos ilustrado podrá abandonar Praga sin conocer algo de Kafka, de Dvorák, de Mozart... Hay un escenario en que la presencia de los creadores es casi permanente: los cafés. En 1939 había en Praga 160. Muchos de ellos desaparecieron tras la Segunda Guerra Mundial. Y tras la caída del Telón de Acero, unos fueron convertidos en oficinas de banca o tiendas de marcas multinacionales. Otros, como el café Slavia, situado enfrente del Teatro Nacional, resurgieron de sus cenizas. Aquí polemizaron, bebieron en exceso o se enamoraron Rainer Maria Rilke, Franz Kafza, Jaroslav Husek... El Slavia ahora es propiedad de un empresario canadiense. Junto al Unión era y es el café literario por excelencia de Praga. El café Louvre, cerrado por los comunistas por ser el preferido de la burguesía y por su decoración neoclásica, también ha vuelto a abrir sus puertas. En este café de la vieja Ferdinandstrasse, Kafka y su amigo Marx Brod pasaron largas horas. Brod salvará de la destrucción los manuscritos de Kafka. Gracias a él, sus obras han conocido la posteridad. En el salón literario El Unicornio Dorado, Kafka participó en tertulias y empezó a ser conocido en los ambientes intelectuales germánicos.

 

Kafka y Praga son casi sinónimos. La casa natal del escritor se halla en el número 5 de la calle U Radnice, al noroeste de la plaza de la Ciudad Vieja, junto al ghetto y la iglesia de San Nicolás. No lejos de esta casa residió una temporada Francesco Petrarca. En el invierno de 1904, a la edad de 21 años, Kafka empezó a redactar Descripción de una lucha, en la que narra un paseo solitario y nocturno por una Praga gélida, deshabitada. En 1908, el mismo año en que la revista Hyperion le publicó varios relatos cortos, empezó a trabajar en la Mutualidad de Seguros y Accidentes del Reino de Bohemia. El escritor hacia peritajes y su oficina estaba en la planta superior. El edificio todavía permanece en pie. El palacio Golz-Kinský posee una hermosa fachada barroca de estuco blanco y rosa coronada por esculturas. Aquí estudió bachillerato. Desde uno de los balcones de este palacio los dirigentes comunistas anunciaron su llegada al poder. En la actualidad acoge exposiciones. En la sala de los Espejos del Hotel Archiduque Esteban (el actual Hotel Europa), Kafka hizo la lectura pública del relato La condena. Tras la lectura de otro texto, conoció a la joven berlinesa Felice Bauer, su primera novia. El gran amor de su vida. Le escribía una carta casi a diario; pero la relación no terminó en boda: Kafka no fue aceptado por la familia de su prometida. Se supone que tras este accidente personal y sentimental, empezó la redacción de la novela El proceso, que dejó inacabada. Kafka empezó a aislarse del mundo y dedicó las escasas energías físicas que poseía a la escritura. 

 

A mediados de 1916, después de pasar unas vacaciones en un balneario, buscó un lugar tranquilo para trabajar. Para él, trabajar era crear, enfrentarse a la hoja en blanco. En el barrio del Castillo alquiló una casita situada en la pintoresca callejuela del Oro. Si no fuera por los miles de turistas que la recorren a diario, en ella se podría rodar una película en la que las protagonistas fueran hadas salidas de un tierno cuento infantil. Según la leyenda, en tiempos del rey Rodolfo II, los alquimistas y orfebres de la ciudad buscaban una misteriosa fórmula para fabricar el precioso metal. Más tarde la ocuparon los arqueros reales. Luego llegaron los artistas. La modesta residencia de Kafka posee una bodega con vistas al Foso de los Ciervos. Hay una buhardilla y una pequeña librería. Esta vivienda se convirtió en su refugio, en ella pasaba todas las horas posibles. Recibía pocas visitas y pasaba largas horas escribiendo. Sólo la mala salud interrumpió su carrera creadora, su universo onírico, su visión existencialista y trágica de la vida. Después de un largo peregrinaje por varios sanatorios de Europa central, Kafka falleció joven y tuberculoso, el 3 de junio de 1924, en una clínica de las afueras de Viena. Tenía 41 años. Su amiga Dora Diamant le acompañó hasta el último suspiro. Kafka regresó a Praga. Su tumba se halla en el Nuevo Cementerio Judío.

 

Por el puente de Carlos pasea una mujer solitaria: podría ser la criada Leni. ¡El artista que vende acuarelas entre las estatuas de Santa Ana y el Calvario se parece tanto al pintor Tintorelli...! El encargado de la tienda de cristales de Bohemia guarda un enorme parecido con el comerciante Block. Una joven observa el reloj astronómico del Ayuntamiento; espera a alguien: quizás sea la señorita Bürnster. En la entrada de los Jardines Botánicos un hombre pasea meditabundo. Creo que se trata del agrimensor K.; aunque bien podría ser el mensajero Bernabé. Todos ellos son personajes creados por Kafka. Ahora son habitantes de Praga.

 

Joan Mas, 2005

 

Bibliografía  y páginas web recomendadas:

 

- Azúa, Félix de: Lecturas compulsivas (Barcelona, Anagrama, 1998)

- Kafka, Franz: La metamorfosis y otros relatos. Introducción del autor y su época. (Madrid, Càtedra, 1994).

- Praga (El País Aguilar, 1999)

- Salfellner, Harald: Franz Kafka y Praga (Praga, Vitalis, 2003)

www.bibliotecasvirtuales.com

www.biografiasyvidas.com

www.czechtourism.com

www.kafkaesk.de 

www.galeon.com/kafka/

www.geocities.com

www.viajeros.com


 

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